La fria noche se cernia
sobre sus cabezas, arrastrando el viento la gelida caricia invernal.
El contraste era evidente
en aquella casa, la calidez se hacia notar; efecto de la bien
alimentada chimenea.
Pacientemente observaban
en los arboles los estragos invernales a traves de su espejo de
realidad, quizás a la espera de algun suceso interesante, más ellos
sabian que nada inverosimil ocurriria y, a decir verdad, asi lo
preferian.
Aquel era su pequeño
refugio, un lugar donde nada ni nadie seria capaz de perturbar su
calma.
El suave borboteo del cáfe
les alertaba del aperitivo, a la par que su aroma les invitaba a
saborearlo.
Y alli, junto al gracil e
intenso fuego, tomaron asiento.
Comodas sonrisas y
complices anecdotas reinaban en el hogar, creando un ambiente
distendido, ideal compañero de una buena velada.
Eran conscientes de que
sus vidas estaban ligadas, lo habian estado desde la infancia y lo
seguirian estando pese al crudo paso del tiempo.
Asi es como sabado tras
sabado, aquellas cuatro paredes les brindaban la felicidad.